La vía romana de La Carisa. (Asturias)

Voy a experimentar a hacer algo nuevo. Siempre voy con un retraso de un mes o dos al escribir las entradas, a veces con algún año jeje, pero en este post te voy a contar lo que he hecho hoy, quizás con algún fallo por las prisas, pero con la frescura de las cosas recién hechas.
Podemos utilizar anglicismos y llamarlo Fresh Post o algo más autóctono del tipo Lo Vendo Calentito Señora!

Pues tocaba andar en bici, y yo tenía una ruta metida en la cabeza desde hace muchos años. El recorrido parte desde la provincia de León y atraviesa la Cordillera Cantábrica por una milenaria ruta denominada Vía Carisa.

 

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¿Y por qué recibe este nombre?
Hace más de 2000 años a los romanos se les había metido en la cabeza conquistar todo el mundo conocido y ya habían ocupado toda la Península Ibérica cuando pusieron sus ojos en el Norte. Allí, o mejor dicho aquí, las tribus astures y cántabras venderían cara su libertad.

El asunto de Las Guerras Cántabras se complicaba y el emperador César Augusto necesitaba una persona de confianza. La encontró en la figura de Publio Carisio quien ya había demostrado su lealtad en las guerras civiles y su eficacia como gobernador en Lusitania.

Nuestro amigo Carisio, una vez conquistadas al resto de las tribus astures de la meseta necesitaba una vía de comunicación apta para la invasión de la Asturias Transmontana (la actual Asturias) y la encontró en un antiguo recorrido ya conocido en el Neolítico. Lo adaptó para que sus legiones pudieran utilizarlo y así, a lo tonto y a lo bobo, su nombre se repite en nuestros días cotidianamente gracias al camino que vamos a recorrer con nuestras bicis.

Y es una maravilla recorrerlo, por sus paisajes y por su historia. A lo largo del camino puedes visitar campos arqueológicos de campamentos romanos y astures, castros celtas e incluso dolmenes y túmulos funerarios. ¿En qué camino, en tan poco espacio puedes encontrar tanta historia?

En camino comienza en una localidad cercana a Busdongo (León) llamada Pendiella de Arbás.

La aldea se encuentra a 1337 metros de altura y desde allí la ruta comienza a ascender paulatinamente hasta la collada Propinde (1589 m)

 

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En este momento entramos en el Principado de Asturias y un mar de nubes se extiende ante nuestros pies como una sábana infinita.

 

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Seguimos avanzando en ascenso entre montes de brezos en flor con diferentes colores que contrasta con el verde radiante de los bosques, el blanco de las nubes y el radiante azul del cielo.

 

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El broche del paisaje lo ponen las montañas del fondo. El macizo de las Ubiñas y más hacia el Norte la Sierra del Aramo.

 

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Más adelante llegamos a un paso entre montañas que nos permite contemplar todo el valle oriental de Asturias, con los imponentes Picos de Europa que aún a más de 100 km de distancia asoman sus puntiagudas cimas sobre las nubes.

 

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Y ya empieza parte del descenso, sin embargo no lejos de esta zona puedes visitar las zonas arqueológicas de los recientemente descubiertos campamentos astures y romanos de los montes Curiechos, Homón de Faro y La Boya.
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El camino hacia los valles asturianos está bien marcado y las opciones son varias. Nosotros elegimos seguir en dirección a Carabanzo, lugar donde termina el camino, pero no nuestro destino
En el punto en el que la niebla y el sol se unen nosotros, tras una agotadora subida, nos paramos a comer con las vistas más increibles y baratas que te puedas imaginar.

 

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Y por fin nos sumergirnos en la niebla y nos paramos en los regalitos del Padrún donde aún son visibles restos entre vacas y cabras que viven ajenas a esas piedras.

 

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El descenso se hace cada vez más pronunciado rápido y, por supuesto,más divertido. Por esa razón te recomiendo que prestes atención a un cruce en el que una flecha indica,la dirección a seguir para llegar a la localidad perteneciente al concejo de Aller llamada Boo.
Es una maravilla el descenso al valle. El firme es perfectamente irregular y cada curva, cada salto, hacen que la adrenalina se te dispare. El único que sufre es el culo, el mío en particular a estas alturas del recorrido se quejaba con la más minúscula de las piedra q tocaba la rueda trasera, pero como vas concentrado en no romperte la cabeza no le prestas demasiada atención.

 

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Y vas concentrado en conducir cuando de pronto un mágico bosque de hayas te envuelve y la atmósfera se vuelve irreal.
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Después de las paradas obligadas por la belleza del paisaje nos lanzamos lo más rápido que podemos por unos caminos que apenas tienen un par de metros de ancho y se retuercen encajonados entre bosques y prados hacia el valle. Realmente la bajada es espectacular.

Para llegar a Boo has de guiarte por tu instinto porque los caminos no están señalizados.
Y una vez que llegas descubres un bonito pueblo que rezuma historia en sus casonas blasonadas y melancolía en sus muchas viviendas y edificios civiles de su no muy lejano pasado minero.

 

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Desde aquí, ya por una pequeña carretera local partimos hacia el pueblo de Caborana donde termina nuestro periplo. Y por fin podemos descansar el culo que un merecido reposo merece.

 

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